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Mezclando colores

Fue Goethe (1749-1832) quien, por primera vez y no exento de polémica, se refirió a la influencia subjetiva en la percepción del color, quitando ese exclusivo matiz físico al fenómeno tal como se hacía desde años antes gracias a los estudios de otro grande, Isaac Newton (1643-1727).

A Newton, entre múltiples contribuciones, se atribuye ser el primer científico que, mediante un sencillo experimento, logró revelar que la luz blanca se descompone en un abanico cromático. Para ello hizo pasar un haz solar por un pequeño agujero y seguidamente que atravesara un prisma. Era cierto que esa luz blanca era también de color roja, de color azul y así sucesivamente, según él, hasta de “siete” tonos distintos. Este ensayo, que causó fascinación en su época, nos puede servir de ejemplo para asimilar lo que también ocurre en el intelecto humano y así “psicologizar” igualmente su experiencia.

La mente en general, como el prisma de Newton, que realmente es ajeno al color, descompone todo lo que surge o entra en su conocimiento, pero porque plural es ya la naturaleza de lo que se recluye ahí. Posteriormente también la psique permite entremezclar, dando lugar, como los colores secundarios, a noveles e inesperados planteamientos que el sujeto siempre acaba por poner en ellos su sello de identificación personal en función de otros muchos factores. Como resultado y siguiendo con el símil cromático, es al fin y al cabo eso, en ese haz de “luz” (conocimiento) ya existe en el fondo todo un espectro inherente.

El fenómeno resultante que, como diría Schopenhauer (1788-1860) es fenómeno porque pertenece a nuestra representación, se hace así íntimo, quedando custodiado y protegido por nuestro sistema de defensa. Posteriormente tocará descubrirnos, revelación que, en forma de opinión o de acto, será la base para que la sociedad nos clasifique de esto o aquello, o lo que es peor, que por ello nos caiga alguna vez el peso la Justicia.

Esta reflexión explica las distintas y distantes opiniones que podemos tener las personas en temas como, por ejemplo, la eutanasia o el aborto, de constante actualidad y que seguimos empeñados en que acaben pereciendo, nunca mejor dicho, en un “sí” o un “no”. Nada más lejos. Cuestiones tales, no pueden polarizarse ni nunca podrán y por tanto su intento siempre va a continuar entre pancartas y polémicas, como poco. Igualmente, en este contexto se podría afirmar, como dijo el antropólogo americano Marvin Harris (1927-2001), que las “oposiciones binarias” son excesivamente simplificadoras. Estoy totalmente con él.

Es precisamente la pluralidad, aquel espectro, la que define al pensamiento humano y, si físicamente un ser es respetado, o eso decimos, igualmente lo debemos hacer con su designio, estemos con él o no. Y es que, en el fondo, todo planteamiento de base lleva ya implícita la variedad que es siempre cierta (la luz es roja, azul, verde, etc.). Si los colores son una propiedad intrínseca de la luz, en nuestro ser, distintos planteamientos lo son respecto a ese determinado conocimiento.

Similar es lo que ocurre en algunos Trastornos mentales, ya que en ellos y en contra de lo que piensan incluso muchos profesionales, no se puede establecer una clara frontera psíquica entre lo normal y lo patológico. Entre aquéllos, el ejemplo más claro serían los “trastornos” de personalidad, donde no siempre se puede hablar de individuo sano o individuo enfermo, otra oposición binaria. El fenómeno lleva más posibilidades dentro; otra vez estamos en el “espectro cromático”. De igual modo y como consecuencia, nos veremos comprometidos frente a la autoridad si ésta nos pide asesoramiento en tal materia, cuestionándonos si estamos ante un enfermo o no, dualidad que frente a la responsabilidad que representa, hace difícil decantarse.

La experiencia de Newton no acabó ahí. El estudio continuó por hacer confluir de nuevo los distintos colores allí surgidos, por medio de otro tipo de prisma, hasta volver a conseguir el haz de luz blanca. Igual que entró, salió. Después de aquel espectáculo de colores, todo resultó ser lo mismo.

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