Lunes, Septiembre 25, 2017
   
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Todo está "ferpecto"

Un campamento más despejado de gente

Cuatro días de fiestas de Carthagineses y Romanos se han superado, habiéndose generado ya un ramillete de asuntos suceptibles de ser comentados. Uno de ellos es que en la gran aldea festera ha acudido menos visitantes que otros años, a diferencia de la expectación (muy elevada) que acompaña a los actos oficiales en el casco urbano.

¿Qué pasa en el campamento? La pregunta está en el aire, después de ver una desangelada noche del domingo y cómo la mejor afluencia fue el sábado, sin llegar a ser agobiante. Quiero aclarar que un servidor prefiere que no exista masificación, pues el festero está más a gusto como refleja que tiene más espacio para ‘jugar’ con asaltos, raptos, novatadas, etc. En los días que llevamos hemos visto muchas más escenas de este tipo que el año anterior. Sin embargo, reconocemos que los que llevan las barras se resiente y ésto afecta a tropas y legiones. No es tan grave, pero sí merece su análisis ya que estamos en una época en la que está de moda que todo sea superlativo y hay algo que choca entre la cifra de 400 altas de festeros con esa inesperada situación.

Motivos por los que ha bajado en el campamento la afluencia de público hemos escuchado varios. Desde que la Declaración de Interés Turístico Internacional “es mucho ruído y pocas nueces a nivel local”, desde que en barrios y diputaciones son “fiestas alejadas” porque nunca se ha llevado a cabo una auténtica promoción en estas zonas, desde que todavía queda “crisis” (?)… Este plumilla, como es evidente, también tiene su opinión.

Tres factores considero que han tenido relación directa. Una, los (muchas veces erróneos) pronósticos climáticos de lluvia para viernes y sábado. En esta tierra ya sabemos que cae una gota y los cartageneros se atrincheran bajo techo. Otro, coincido en que misiones auténticas de conquista que abarquen a todo el municipio (y la comarca) todavía no se han desplegado.

El tercero son las fiestas populares de barrios y diputaciones. No todo es Carthagineses y Romanos, hay otras de segunda fila con arraigo. En Cartagena hay más de un centenar de festejos populares y algunos de ellos han tenido lugar en este inicio de mes, solapándose algunas actividades con el tempranero inicio este año de Carthagineses y Romanos, como ha sucedido en Los Dolores, El Algar, Molinos Marfagones, etc. Las fiestas más domésticas también se viven con intensidad y entre fiestas hace falta descansar, pues los cuerpos tienen un límite. Considero que este factor que ha influido en este inicio festero dentro de su gran campamento, pues estas personas han decidido recuperarse y coger fuerzas para el tramo fuerte, el que abarca de jueves a domingo. El próximo año Carthagineses y Romanos comienza el 21 de septiembre. Estoy convencido de que será otra historia.

 

'La (buena) presencia de los vecinos en internet, asignatura pendiente

Cada vez son más las asociaciones vecinales con presencia en la gran red, especialmente a través de perfiles de Facebook, pero, muchas veces, localizarlos es un gran problema, como también lo es la iregularidad en su contenido.

Esta semana hemos vuelto a recibir correos electrónicos de lectores interesados en localizar una u otra asociación vecinal en cuestión, labor en ocasiones nada fácil. Es algo que se repite más de lo habitual, con lo que deducimos que la situación necesita uno o varios giros.

Lo ideal es tener una página web (así será en el futuro), pero de momento el principal referente es Facebook y en bastante menos proporción otras redes sociales. La idea es muy buena. Dado que la gran mayoría de vecinos ya son internautas habituales, las asociaciones dan a conocer su actividad, sus denuncias, las fiestas, la convocatoria de asambleas y otros capítulos de actualidad de su colectivo y de su entorno a través de ‘Cara libro’ (traducción de Facebook). Sin embargo, no hay ni regularidad ni uniformidad.

Es importante que las juntas directivas se planteen tener un vocal para estos menesteres, que hoy en día es tan importante como el vocal de cultura o el secretario. Tener al día las redes sociales lleva su tiempo y no es cuestión de que lo haga el (aparentemente) más avispado en este terreno. Es una labor como otra cualquiera de la directiva y a buen seguro que los vecinos lo agradecerán. Lo que no se puede es informar con retraso o tener largos períodos inactivo el perfil. El vecino que se adentre y vea que no hay movimiento un par de veces, ya no entrará más.

Luego está la localización. Ahí debe intervenir la Federación de Asociaciones de Vecinos y hasta el propio Ayuntamiento, si fuese necesario. Veamos. Unas empiezan su identificación en Facebook como ‘asociación de vecinos’, otras como ‘vecinos’, las hay como ‘avv’, también como ‘avecinos’ y como ‘asociación vecinos’, por poner unos ejemplos, por no entrar en si se deja espacio o no entre las palabras. También están los casos en que la página la llevaba una junta directiva y al ser relevada, los nuevos abren otro perfil en la red social con otro nombre. Vamos, todo un galimatías.

En el buscador hay que afinar demasiado y no siempre se tiene éxito. Lo conveniente sería crear un inicio común y con un juego de letras novedoso que no lo tenga nadie más. Valga como ejemplo: AVVC (Asociación de Vecinos de Cartagena). Luego se añadiría el nombre del barrio o del pueblo; AVVC San Antón, AVVC La Puebla, etc. A partir de ahí, esos perfiles serían controlados por la Federación, salvaguardando que seguirían en futuras nuevas directivas de cada colectivo vecinal.

Estos mismo se puede aplicar a las juntas vecinales, pero en este caso el problema es menor al ser más escasas, con lo que la solución es más fácil. Sí veo como asignatura pendiente el servicio de colgar las actas de sus asambleas en el portal de transparencia del Ayuntamiento. Son pocas las que lo publican escasos días después de su celebración y en la mayoría de casos pasan hasta meses. Si queremos transparencia, el factor tiempo también influye. Enterarte de cosas de tu entorno con mucho retraso es casi como no enterarse. Las cosas, a su debido tiempo.

Valgan estos consejos por lo que observamos en nuestro municipio en un terreno importante, pues cada vez se rompe más el vínculo de las asociaciones con la mayoría de sus vecinos y hay que tratar de frenarlo, buscando nuevas vías de contacto y de complicidad. 

Quizás estemos equivocados y todo está ‘ferpecto’.

 

El turismo gastronómico

Cartagena es historia, sol, playa, fiestas y mucho más que atrae a numerosos turistas, pero aunque todo parece ‘ferpecto’ quizás le falta potenciar un capítulo que también ‘abre el apetito’ de los visitantes. Me refiero a una gastronomía autóctona que aderece a sus otras vertientes.

Conozco mucha gente que busca ya no sólo ofertas de cultura y ocio, sino también un propuesta gastronómica en las tierras que visitan, por lo que desde hace años abogo por crear una carta que también luzca en los carteles promocionales, pues la mayoría de visitantes que han llegado por estos lares con lo que he tenido ocasión de conversar, ninguno conocía nada de la propuesta gastronómica de Cartagena.

El cochinillo de Segovia, el marisco gallego, las paellas valencianas y los ‘miguelitos’ de La Roda, por citar unos ejemplos, son conocidos por todos, y cuando el visitante pasa por esas tierras se ve ‘obligado’ a consumirlos, pues son también sugerentes atractivos.

Aquí tenemos el asiático como bandera, pero sin traspasar fronteras, al igual que también son de andar por casa las migas, los michirones, los arroces (no confudir con las paellas), las ‘marineras’ y los ‘marineros’, las frituras, las patatas con ajo y un largo etcétera de platos de toda la vida, muchos de los cuales ‘se pegan al riñón’, pero que siempre atraen a nuestro paladar. La cuestión ahora es divulgarlos, pues, como reza el lema de nuestro diario, ‘lo que no se conoce no existe’.  

¿No queremos que venga cada vez más turistas?, pues pongámosles cada vez más motivos. Así de simple.

   

La Mar de Músicas, de la brillantez a los despropósitos

La del jueves fue una noche para vivir con plenitud el espíritu de La Mar de Músicas, pero también para sufrir situaciones que no se corresponden con un gran festival. Un gran ambiente y un gran UB40, pero con falta de recursos líquidos en las barras y el sorprendente cierre de la puerta de la calle Concepción que hizo a muchos tener que rodear todo el monte. La fuerza frente al lado oscuro. Vayamos por partes.

La cita con UB40 en el Parque de Torres ha sido, posiblemente, de lo mejor de esta edición por su calidad sonora (se escuchaba perfectamente tanto en las primeras filas como en las más elevadas) y por ese ritmo que inyectaron con el público, principalmente de ‘reggae’, pero también con paréntesis de rap y algún que otro estilo. Gradas y pasillos del auditorio del ‘Castillo de los patos’ estaban a tope. Por lo que calculé, entre dos o tres mil personas, muchas de ellas bailando. Ambientazo. Es la esencia de La Mar de Músicas. Disfrutar con el sonido de los artistas y con la panorámica nocturna que ofrece este balcón cartagenero.

Como cada uno tiene sus gustos, nos aventuramos a preguntar a algunos espectadores sus sensaciones con este concierto. La mayoría no escatimaba elogios hacia el sonido (“espectacular”), el lugar (“los conciertos lucen y suenan mejor aquí que en El Batel”) y el ritmo (“magnífico”) de este grupete anglosajón. Hubo quien se quejó de que les faltó “tocar algún tema más, pues fueron a más al final con sus canciones más conocidos y nos quedamos con ganas de un poco más”. Una crítica que también podría valer como elogio. También hubo que casi ni fu ni fa. “Vengo por el ambiente de La Mar de Músicas, pues UB40 no me dice nada, pero tampoco me ha desagradado”. Para gustos, los colores.

… y tuvo que ser mala suerte, seguro. Anoche fue la primera vez que este año un servidor asistía a La Mar de Músicas. Con la tranquilidad de que otros compañeros le dan cobertura y que hay que acudir a informar a otros focos de la animada vida social del verano entre playas y fiestas populares. Cartagena en julio no sólo es La Mar de Músicas, en absoluto. Pues bien, para una noche que voy y todo lo que me pasa, pero de momento no caigo si fue causado esa escalera por la que pasé por debajo, por el gato negro que se cruzó, por el espejo que se vino abajo al verme o por esa maldición gitana que me dijeron con nada de cariño, pero algo tuvo que ser. Vayamos al tema.

Para empezar, mientras estamos preguntando por UB40 comenzamos a recibir ‘reprimendas’ por el concierto del Franco Battiato. Esa noche, por decisión de este diario, sólo estuvo el fotógrafo y el texto de la crónica fue típico, tópico y descafeinado para acompañar las imágenes. Pues bien, por suerte (que no por desgracia), Cartagena de Hoy tiene muchos lectores y son muchas las personas que nos conocen. Algunas se dirigieron a nosotros y otras aprovecharon nuestro cuestionario sobre UB40 para quejarse de nuestro artículo. “¿Cómo pusisteis lo que pusisteis?”, nos preguntaba un ‘amable’ lector. Los comentarios eran de que fue un concierto soporífero en el que el italiano estuvo leyendo las letras de sus canciones (“pues vaya un cantautor”, dijo otro) y hasta perdió el hilo de la última, la más conocida. Lo sentimos, pero suponemos que también hubo bastante gente a la que le gustó Franco Battiato, pero como siempre ocurre en éste y otros países, los periodistas somos focos de quejas.

Seguimos, pero ahora fuera de la música. ¡Se agotaron las cervezas!. Es muy fuerte tener que decir ésto en España, pero también se nos quejó una persona con un tique de seis euros por un mini de cerveza en la mano y cuando indagamos resulta que los barriles de las cañas estaban vacíos. También faltó tónica. Mala previsión.

El remate fue al irnos. Tras el concierto de UB40 ascendimos hasta el castillo, donde nos encontramos a unos ‘supermanes’ (cantantes vestidos de traje de héroe) con unos temas que, la verdad, no nos gustaron y no gustaban a la mayoría, por lo que se podía deducir por los escasos aplausos. Decidimos marcharnos por donde habíamos venido. Qué fácil es lanzar esta frase y qué complicado resulta, a veces, llevarla a cabo. La concejalía de Cultura anuncio dos días antes de comenzar La Mar de Músicas 2017 (pinchar aquí) que se habilitaba un acceso por la calle Concepción para los que fueran al festival, lo que aplaudimos pues amplía las opciones de aparcar el turismo por la zona urbana. Sin embargo, sobre la una y media de la madrugada, cuando nos dirigimos hacia el mismo camino por el que habíamos accedido, nos sale al paso un vigilante de seguridad para decirnos que la puerta estaba cerrada. Le decimos (casi con súplica) que no hemos visto cartel alguno que refleje esa hora de cierre (tampoco en la información municipal ponía esa circunstancia) y que tenemos el vehículo en la zona urbana y que si no podemos acceder por esa vía, tendremos que rodear todo el monte. Le insistimos, pero el buen hombre recalca que recibe órdenes (por supuestos no dijo de dónde venían las mismas) y que no hay nada que hacer. Es decir, se nos queda cara de ‘tontos’ y echamos a andar. Veintiún minutos de paseo extra en la madrugada. Bueno, por lo menos hicimos piernas hasta llegar al vehículo. Instantes después aparecen dos matrimonios que había sufrido lo mismo y van ‘echando pestes’. “Que no me esperen más en La Mar de Músicas”, escuchamos y en un alarde de investigación mental deducimos que no les han sentado nada bien. ¿Por qué será?

Como se suele decir, son hechos aislados que no deben empañar un gran festival que es ventana de Cartagena hacia el exterior, pero pienso que no cuesta excesivo trabajo cuidarlos, pues tanto se gasta en publicidad para captar espectadores y luego se van perdiendo por otro lado, aunque parezcan pocos en principio. A la larga restan.

 

Un recuerdo ‘olvidado’

La imagen muestra en qué estado se encuentra la cruz dedicada en Cabo de Palos a las víctimas del hundimiento del vapor italiano Sirio en Cabo de Palos, la mayor tragedia de la navegación civil en aguas españolas y que tuvo lugar el 4 de agosto de 1906. La sensación de abandono es evidente, al igual que el gran deterioro de la placa con la imagen de Vicente Buigues ('el gran héroe de Cartagena en el siglo XX') que se instaló a escasos metros del faro, representando la heroicidad de los pescadores en el rescate de los tripulantes del transatlántico.

Un servidor estuvo el día en que se inauguró esta cruz, en un acto organizado por la Asociación de Vecinos, con humildad y escaso presupuesto, pero con gran ilusión por mantener latente el recuerdo de un capítulo histórico que se produjo al colisionar el Sirio contra los bajos de las Islas Hormigas. Hubo centenares de víctimas, pero también uno de los mayores capítulos heroícos de la historia de Cartagena, que, de haberse llevado al cine, hubiese superado a historias como la del Titanic. Fue la mayor operación de rescate llevada a cabo por civiles de la historia de España y resultó que la protagonizaron los pescadores de Cabo de Palos.

El principal símbolo humano de ese rescate fue Vicente Buigues, quien recibió la medalla de oro de la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos y también fue condecorado por el gobierno de Italia con la Cruz del Mérito Naval con Distintivo Rojo, además de ser recibido en el Palacio Real por rey español Alfonso XIII, con el que surgió una amistad personal que perduró en el tiempo. Agustín Antolino y José Salas recibieron la medalla de plata, mientras que Bautista Buigues, José Valero, Pedro Llorca, Manuel Puga, José Ruso y Ramón Parodis fueron destinatarios de la distinción de bronce. Hubo otra 'recompensa', pero ésta fue negativa, pues las ventas de pescado bajaron en las semanas siguientes ya que muchos ciudadanos no querían adquirir peces capturados en aguas donde habían fallecido tantas personas. Por fortuna, tiempo después se normalizó esa situación. Cartagena acogió a muchos supervivientes y el pueblo se volcó en su ayuda, con escenas tan emotivas como cuando los espectadores de una corrida de toros comenzaron a lanzar monedas a la arena para destinarlas a ayudar a estas personas.

Un servidor estuvo hace once años presente en aquel homenaje, que también incluyó la colocación de una placa en la proa del barco hundico a cargo de buzos del Centro de Investigación Murciano de Actividades Subacuáticas (CIMAS). Desde entonces se han llevado a cabo diversas iniciativas dedicadas al Sirio, desde sonoras (canción popular italiana dedicada a esta tragedia que rescató la coral Cartagonova) como la magnífica exposición que acogió el Archivo Municipal hace un año.

Sin embargo, el lugar del suceso no merece el abandono que sufre. Incluso, si fuera posible, merecía un monumento conmemorativo más llamativo. Tantos monumentos ‘absurdos’ se instalan, éste sí tendría realmente sentido. Cartagena tiene mucha historia, que va mucho más allá de la época cartaginesa, romana o cantonal. Han pasado 111 años y pasarán otros muchos más, pero lo sucedido entonces y lo que hicieron los pescadores de esta tierra y estas aguas merece ‘algo’ mucho relevante. Lo pienso y lo escribo.

  • Enlaces relacionados:

Sirio: Aniversario de una tragedia y de unos héroes

Vicente Buigues y los héroes de agosto de Cartagena

La tragedia del Sirio cumple 109 años

“Ése es mi abuelo”

   

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