Martes, Diciembre 10, 2019
   
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Resurrección

La ciudad prohibida

A veces nos encontramos con tesoros tan grandes delante de nuestros ojos que no somos capaces de ver. Algo así ocurre con nuestro Arsenal. Ese muro con una puerta que tiene tres ojos, sobre la que hay una torre de planta cuadrada, y en cada cara de la torre una esfera de reloj y rematándolo todo bajo una veleta, un campanario con una campana ya ronca de mil Levantes sufridos.

 

Aunque realmente el Arsenal no es solo eso, no es muro, no es “La ciudad prohibida”. Se trata realmente de un complejo industrial de primer orden a nivel nacional, construido en el siglo XVIII, y que tenía todo lo necesario para la construcción y mantenimiento de buques de la Armada del Rey, además de servir como base para estos.

 

Existen dos arsenales más de la Marina en España; el de Cádiz y el de El Ferrol, ambos arsenales están declarados como BIC, Bien de Interés Cultural, con el más alto grado de protección que esto le debe garantizar. Sin embargo, incomprensiblemente el arsenal cartagenero no disfruta de ese estatus, a pesar del trabajo de años de asociaciones de defensa del Patrimonio reivindicando, y demostrando que este debe ser el estatus de este conjunto monumental.

 

Con el paso del tiempo, Defensa apostó por reforzar la presencia de buques y dotaciones en los otros dos arsenales, dejando al de Cartagena un poco al ralentí. Sin embargo nuestro Arsenal, a pesar de estar un poco olvidada de los planes de defensa, puede prestar un servicio de gran importancia a nuestra Marina y por extensión a nuestro país.

 

La Marina española es tradición e historia, es parte y debe ser parte viva de España. Mientras los otros dos arsenales guardan la mayoría de los barcos y las tripulaciones, el Arsenal de Cartagena podría ser el encargado de guardar la memoria de la Marina, y de transmitir sus valores a futuras generaciones.

 

Y no solamente la historia de nuestra Marina es digna y merecedora de ser recordada y compartida por todos, sino que la de nuestro Arsenal también debe ser propiedad  del acervo cultural  común de todos. Porque mientras los otros dos arsenales, por motivos estratégicos han de ser recintos casi herméticos, donde depositamos nuestra confianza en ellos para nuestra seguridad. El de Cartagena tiene la oportunidad de abrirse al pueblo, de compartir con toda España qué es la Marina española, de acercar aún más si cabe el pueblo a sus fuerzas armadas.

 

Parece ser que el expediente para la declaración del Arsenal como BIC está en algún lugar de algún ministerio en Madrid. Bueno sería que alguno de los representantes de nuestra tierra en el congreso de los Diputados preguntase por donde está ese expediente y para cuando lo veremos. Ya de paso, ¿Por qué no proponer un uso más abierto de las instalaciones de nuestro Arsenal?

 

Las obras de la construcción del Arsenal supusieron un alarde de ingeniería digno de conocer y reconocer. Comenzaron los trabajos en 1731 con el desvío de dos ramblas, la del Saladilo y la Benipila antes de su desembocadura en la bahía, llevándolas al Mar Menor la primera y  la de Benipila mediante la fabricación de un canal de 1700 metros de largo y 65 de ancho hasta el poblado de la Algameca Chica. Así mismo se excavará una dársena de 550 por 318 metros y un calado de 9.5 metros. Requerirá la excavación de profundas zanjas que se debían mantener secas mediante bombas manuales accionadas con el trabajo de los esclavos y penados. Después de clavar puntales en el fondo de la zanja, se levantaba desde lo que sería el fondo de la dársena, con grandes piedras de sillería el muro del cantil del muelle, acabado de esta manera el contorno de la dársena solo quedaba dragarla hasta los 9.5 metros de profundidad.

 

Aún a media construcción del Arsenal, se bota en su  astillero su primer navío en 1753, el Septentrión, que en 1783 quedaría varado en un arenal cerca de Málaga y allí mismo desguazado.

 

Un año antes, en 1782 después de 33 años y medio terminan las obras de construcción del Arsenal con un coste de 112.284.648,12 maravedíes.

 

El impulso que dio a la cuidad fue enorme, convirtiendo Cartagena en la única ciudad industrializada de la Región durante muchas décadas. Además dada la importancia del Arsenal en 1863  se conecta via férrea la capital del reino y Cartagena.

 

Vital fue también la importancia de este complejo para que en 1915 Se apruebe en el Congreso de los Diputados el plan de Bases Navales en el que se acuerda suministrar de agua potable al Arsenal de Cartagena. Aunque tardaría algunos años en verse hecho realidad. Dos hechos fundamentales para el progreso no solo de la cuidad y la región sino para provincias limítrofes.

 

En cuanto a la Historia, y es a la Historia de España a la que quiero referirme, nuestro arsenal, y toda la ciudad, fue clave en la Guerra de Independencia, dado que nunca pudieron entrar los franceses, fue punto de desembarco de tropas aliadas, además de auténtico arsenal del reino, suministrando armas, soldados y municiones a muchos puntos de nuestra geografía.

 

En 1870 parte una escuadra para recoger y traer a España al nuevo rey, Amadeo de Saboya, que pisaría tierra española por primera vez en el Arsenal.

 

Años después fue otro rey el que salió de España por el Arsenal, Alfonso XIII, que partió en 1931 al exilio para regresar sus restos mortales en 1980, también por el Arsenal.

 

En cuanto a “nuestra guerra” ¿habría llegado a suceder de haberse sumado el Arsenal y la flota surta en su dársena al levantamiento? Diarios de la época y más tarde el presidente del Consejo de ministros de la República Diego Martínez Barrio, reconocieron que Cartagena había salvado a la República. Al menos en el primer momento, en julio de 1936.

 

Luego el Arsenal vio de todo… Pero eso son otras historias.

 

De bien nacidos...

Disfrutamos en Cartagena del cementerio más bello de la Comunidad Autónoma. Después de muchos avatares y unos cuantos cementerios, tanto urbanos como extramuros, un grupo de ciudadanos decide ayudar al Ayuntamiento a construir un cementerio. El primer cementerio municipal de la Región. Esto fue en 1866, y dos años después se inauguró el camposanto de Nuestra Señora de los Remedios.

 

Diecisiete años hacía que había nacido en el callejón de Zorrilla “el profundo Isaac” en su corta vida y como es sabido por todos construyó el primer submarino de la Historia que fue botado en 1888 y desguazado apenas dos años después.

 

El 24 de mayo 1895 muere en Berlín tras una operación cerebral, Isaac Peral y Caballero, que fue enterrado en el cementerio de La Almudena de Madrid el día 29, tras haber sido rechazada la idea de ser trasladados sus restos al Panteón de Marinos Ilustres de Cádiz. En 1910 con el apoyo de la familia Peral comienzan las gestiones para traer sus restos mortales a Cartagena.

 

El 29 de abril de 1911 se trasladan los restos mortales de Peral desde el cementerio de la Almudena de Madrid a Cartagena con la intención de ser inhumado en un futuro panteón frente a la base de submarinos. Los restos del insigne marino al final acabaron en tierra en el cementerio de Los Remedios.

 

Al acabar la Gran Guerra, quizás tras la visita del Almirante  Mercader al cementerio para rendir tributo a su amigo, se puso en marcha una cuestación popular para levantar un monumento, sin embargo los tiempos no debieron de ser muy buenos y el proyecto durmió el sueño de los justos.

 

En 12 mayo de 1925 el teniente de navío Ernesto Caballero, agregado de la embajada del Perú, en compañía del Capitán General, deposita una corona de flores en la tumba. Poco después en el mes de mayo y con ocasión del homenaje que se le va a rendir al comandante Villamartín, se acuerda en el Ayuntamiento la construcción de un panteón de cartageneros ilustres, donde reposarían juntos las cenizas de Villamartín, Prefumo, Monroy y Peral.

 

Pero es a finales de mayo de  1926, cuando al mando del comodoro Pentrel, la escuadra alemana atraca en Cartagena, y los germanos “insisten” en rendir tributo ante la tumba de Peral, cuando a toda prisa se adecentó la olvidada sepultura, consiguiendo engañar y ocultar nuestra vergüenza a los germanos, pero no a la conciencia del pueblo con su alcalde Alfonso Torres a la cabeza.

 

Año y medio después, el día de Todos los Santos de 1927, se trasladan los restos de Peral al panteón de cartageneros ilustres con asistencia de sus hijos, autoridades militares y civiles, los Scouts , una representación de marinos argentinos y el capitán general Aznar en representación de La Corona.

 

A partir de ahí se suceden los homenajes de las marinas de todo el mundo ante el definitivo monumento funerario, que se había erigido en un lugar en alto y reservado del Cementerio de Nuestra Señora de los Remedios.

 

Aunque el más recordado de estos homenajes fue el que en julio de 1929 realizó un viejo conocido de Cartagena, el héroe de la Primera Guerra Mundial, el comandante alemán Von Arnauld, quien al mando del U-35 batió el record de barcos y toneladas hundidas hasta la fecha de hoy, y que en esta ocasión atracó en nuestro puerto al mando del crucero Emden.

 

Sin embargo nunca se llegó a continuar con la obra de ese “Panteón de cartageneros ilustres” en el que la memoria de Isaac Peral habita en solitario.

 

Cartagena es una ciudad con un patrimonio ingente en cuanto a edificios y paisaje se refiere, pero también tiene un vasto patrimonio inmaterial al que lejos de renunciar a él, debemos de rescatar; su historia. Y no son los tres mil años de historia conocida, sino las personas que la escribieron las que la hicieron grande. Muchos de ellos son recordados en nuestro callejero, aunque los hay que duermen el sueño de los justos y han quedado en el más absoluto anonimato. Y de eso se trata, de dar aunque solo sea un mínimo reconocimiento a tantos hijos ilustres de esta ciudad en un lugar allí donde su memoria debe seguir viva.

 

DAPHNE propone recuperar la memoria de todos estos grandes hombres y darle a sus nombres que no a sus restos, un justo homenaje en donde descanse su memoria.

 

Para ello proponemos que el mausoleo donde yacen los restos del insigne inventor y marino Isaac Peral sea declarado como panteón de cartageneros ilustres, propósito con el que al parecer fue construido.

 

Se trata de adecentar su pavimento, hoy de tierra y que durante el año se llena de malas hierbas que son limpiadas cada mes de noviembre. Además habría que construir un muro a la espalda del mausoleo de Peral que sirva de soporte para colocar en él lápidas de mármol con el nombre, fechas y una pequeña semblanza de personas que hayan destacado en nuestra historia.

 

Hay personas que están enterradas en otros lugares, hay las que no se sabe dónde están sus restos, pero juntar su recuerdo en el sitio más noble del cementerio de Nuestra Señora de los Remedios debe ser lo mínimo que podemos hacer para agradecer lo que personajes como los que detallo han hecho por Cartagena.

 

Esta lista que sugerimos  ni es completa, ni todos han de estar en este monumento colectivo, quizá un comité de experto deban decidir quienes deban acceder a tal honor.

 

Maestro Álvarez .Compositor de Suspiros de España. Pedro Beltrán, actor. Víctor Beltrí, arquitecto. Antonio Bonmatí, médico en el Cantón. Francisco de Borja y Poyo, marino. Luis Calandre, médico. Carmen Conde, poeta. José Capuz, escultor. Ricardo Codorniu, ingeniero. Conde de Romanones, político. Antonio Escaño, marino y político. Luis Fajardo, militar. Juan Fernández, marino. Fray Pedro Gallego, primer obispo de la actual  diócesis. Francisco García Roldán, soldado fundador Hospital de Caridad. Blanca Roldán, arqueóloga.  Alfonso Torrez, político. Manuel Cárceles, político…

 

Nuestra memoria no se puede enterrar, aunque para ello haga falta ir al cementerio a redescubrirla.

 

 

 

I have a dream: La sierra de San Ginés

Hace poco pudimos comprobar que la reconstrucción de nuestro monasterio de San Ginés de la Jara - la casa del Patrón-   va en serio y a buen ritmo, esta vez parece que sí. Sin embargo desde los responsables de esta reconstrucción se demandaba saber el ¿para qué?


Es cierto que reconstruir un edificio para no darle uso es solo retrasar su ruina, y no hemos llegado hasta aquí para volver a dejarlo caer otra vez.


Naturalmente que a cada persona que se le pregunte, se le ocurrirá una posible utilización. Y posiblemente de eso se trate, de darle todos los usos posibles para volver a hacer del lugar lo que fue y nunca debió de dejar de ser. El centro del terreno que lleva su nombre.


Aunque tenemos que esperar a que el cenobio, junto con el monte Miral, nos desvelen sus secretos y reclamen la importancia histórica que muchos sospechamos que tienen, no quiere decir que podamos desdeñar y cerrar los ojos a lo que esta oportunidad nos brinda.


El monasterio además de poder y tener que ser un centro de interpretación de sí mismo y del monte Miral, con sus explotaciones mineras, ermitas, restos romanos y Cueva Victoria. Puede  ser un destino de Universidades que se encarguen de su excavación, además de poder acoger el culto en su iglesia en momentos muy especiales. Además de ofrecer una oferta hostelera en sus casas de labranza y jardines. Además de ofrecer un marco ideal para la recuperación de la flora autóctona. Además de poder interpretar la etnografía del Campo de Cartagena. Además de otras muchas cosas el Monasterio puede ser el centro neurálgico de la sierra que llevó su nombre hasta que intereses privados decidieron borrar de la faz de la tierra toda huella de nuestro patrón en estos lugares.


Pero empecemos por el nombre. En el "Itinerario descriptivo militar de España" de 1866 en el tomo IV encontramos referencias a la Sierra de San Ginés. Igualmente en el "Diccionario geográfico, estadístico, histórico de Pascual Madóz de 1846, encontramos una descripción de nuestra sierra de San Ginés. Este es el primer paso, volver a dar a estos montes el nombre con que de tiempos inmemoriales eran conocidos y no conformarnos con llamarlo por el uso que tuvieron en un pasado no muy lejano. Que ayuntamientos de Cartagena y La Unión estén de acuerdo en esto y en la idea de la unidad de un todo, es vital.


La antigua sierra de San Ginés, así nombrada hasta la mitad del siglo XIX, se extiende desde Cala Cortina hasta Cabo de Palos, comprendiendo las sierras, Minera de Cartagena, Minera de La Unión, la de Atamaría, Peña del Águila y los montes que van del Cantalar a Cabo de Palos y que cuidan del Septentrión a Calblanque. Nombres que aunque a nosotros si nos dicen cosas, conforme se aleja uno de nuestra tierra se pierden. Por ello la necesidad de resucitar el nombre, y dándole la dimensión que merece, hacerlo de todos los españoles. El patrimonio y la singularidad de ese patrimonio, que encierra esta sierra, la hace única. Solo tenemos que unir todas las piezas del puzle y ponerlo a trabajar, y el sitio donde hacer esto es el Monasterio.


Con este propósito he iniciado en Facebook un recorrido por esta sierra que nace en Cala Cortina y corriendo hacia Levante muere a los pies del faro de Cabo de Palos. En este viaje hacia Levante visitaremos fuertes, castillos y baterías de los siglos XVII al XX, como los de Santa Florentina, San Leandro, Santa Ana, San Isidoro, Trincabotijas alta y baja, el castillo de San Julián, las baterías de Conejos, La Chapa, Cabo Negrete y Cenizas. Pueblos y ciudades como Cartagena, La Unión, Portman, El Llano del Beal, El Estrecho de San Ginés, El Algar, Los Nietos, Los Belones o Cabo de Palos. Ermitas como la del Calvario, Santa Lucía, El Ferriol, El Estrecho, Los Belones, Portmán y las del Monte Miral. El monasterio de San Ginés de la Jara, La Cueva Victoria, minas como la Agrupa Vicenta o Las Matildes, restos romanos como la Huerta del Paturro, la calzada romana de Portman, el Castillico de Playa Honda y algunos más. Parajes naturales como la Peña del Águila o Calblaque y muchas más cosas que se hallan desperdigadas por esta columna vertebral de nuestra Historia.


La página va creciendo poco a poco según vamos avanzando en nuestro itinerario, además de hacerlo con los comentarios e informaciones nuevas que siempre son bien recibidas.


Por todo esto quiero invitaros a visitar “I have a dream: La sierra de San Ginés” y meditar sobre la posibilidad de hacer realidad un sueño. Como primicia me agrada compartir la primera parada de este camino que comienza donde el Apóstol desembarcó en Hispania.


LA BATERIA SAN LEANDRO


Aunque en el siglo XVIII ya estaba artillada con seis piezas, llegando a tener en 1741 hasta trece piezas, no fue hasta finales del XIX cuando adquirió su imagen definitiva cuando fue acasamatada en 1895.
La batería de San Leandro con sus cañoneras casi al nivel del mar, cita 4 metros, cuenta con tres casamatas a prueba de bombas donde se albergaban sendos cañones de hierro de 24 cm que dominaban la entrada al puerto.


El 7 de marzo de 1937, durante la sublevación de Cartagena, cuando el transporte militar Castillo de Olite cargado con tropas nacionalistas pretendía entrar a puerto para desembarcar en Cartagena, desde uno de los tres cañones de 57 mm con que además contaba se le hizo un disparo de advertencia, pero el vapor viró a toda máquina tratando de huir, siendo alcanzado y hundido por los disparos de la batería de La Parajol.


En 1942 fue desartillada quedando guardadas sus piezas en el parque móvil.


El 27 de mayo de 1970 pasa a ser propiedad del Ayuntamiento de Cartagena que desde entonces la ha tenido desatendid.


En 1994 se le presenta un proyecto al propietario, el Ayuntamiento de Cartagena para su restauración y explotación turística, pero fue desestimada.


En noviembre de ese año en el pleno municipal se presenta una moción que fue aprobada por unanimidad para que el Ayuntamiento proponga al Ministerio de Obras Públicas, Turismo y Medio Ambiente, que estudie la recuperación de playa, o la posible instalación de piscinas naturales en la Batería de San Leandro, ya que esta actuación, de poderse llevar a cabo, sería de gran interés económico y turístico para Cartagena.


En efecto se hizo este estudio y se envió a la Dirección de Costas, ya que la iniciativa privada estaba dispuesta a recuperar y acondicionar “Cala Chica” y la batería de San Leandro que desde ella se levanta.
El 4 de marzo de 1999 se debate en la Asamblea regional una moción presentada por el grupo socialista para la elaboración de un convenio para el estudio, conservación, restauración y uso de las fortalezas, torres y castillos de Cartagena, la moción fue rechazada gracias a la mayoría del Partido Popular.


En 2008 debido a la intención de una empresa de hacer un puerto deportivo con más de 600 amarres y su explotación durante 30 años, se planteó la recuperación de la batería a cargo del proyecto, pero el comienzo de la Crisis hizo olvidar estos proyectos.


En la actualidad este BIC se encuentra desde 1970 en estado de abandono total, víctima del vandalismo y lleno de inmundicias.

   

Cárcel de San Antón: La verdad os hará libres

En estos últimos años ha resucitado en la población el sentimiento de la pertenencia del Patrimonio como herencia de nuestros antepasados, estamos viendo como hay gente dejándose la piel por no dejar caerse edificios singulares de gran valor histórico: San Ginés de la Jara, Castillos de Los Moros y Despeñaperros, el cine Central, La Casa del niño…  ya han echado a andar hacía su recuperación, o lo van a hacer en breve. Otros van a tardar un poco más, pero hay gente empujando fuerte para conseguirlo, La Catedral, Villa Calamari, La Casa del Tio Lobo, las cinco ermitas del Miral, castillos como Atalaya y San Julián, los molinos de viento  y un sinfín de baterías de costa y fuertes.

 

En las últimas  fechas se les ha unido otro edifico singular, la vieja cárcel de san Antón, otro edificio que encierra entre sus paredes parte de la historia de nuestra ciudad. Historia que hemos de rescatar siempre buscando la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. No se puede defender el Patrimonio a cualquier precio, en otras ciudades sí, pero en Cartagena no. Esa historia debe ser al cien por cien verídica. En busca de esa historia escondida de la que la gente habla pero no dice nada me he lanzado a buscarla con la mente clara y en blanco, no he conseguido ni más, ni menos información que la que comparto. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

 

Cuando el 29 de septiembre de 1929 el Castillo de Los moros pasó a pertenecer al Ayuntamiento, se pensó convertirlo en la cárcel de la ciudad, sin embargo a final de ese mismo año se comenzaron los trabajos para construir la nueva cárcel, en el mismo barrio donde estaba la ya vieja y destartalada cárcel; San Antón.

 

La ciudad ya tenía varios grandes presidios, los castillos de Galeras y San Julián y el famoso Penal donde su director Francisco Machado, hermano de los poetas Antonio y Manuel, recibió como huéspedes a Largo caballero, Besteiro, Aguiñiano y Saborit en 1917. Años más tarde, en 1934 medio Gobierno de la Generalitat de Catalunya sería confinado en sus celdas. Este presidio funcionó como tal hasta la mitad de los años 40, conviviendo durante años con nuestra cárcel de San Antón, dedicada ésta a un uso más doméstico.

 

Las obras de esta nueva cárcel se acabaron en 1936 y con el estallido de la Guerra se empezó a utilizar de inmediato. Fue en esta primera etapa cuando el terror se instaló entre sus muros. El 15 de agosto de 1936 al tiempo que tenían lugar los tristes sucesos del España Nº3 que se saldó con 209 ejecutados, que tras ser ejecutados en la cubierta del barco fueron arrojados al mar encadenados a rejas de hierro en Cala Salitrona. A la vuelta de la hazaña de la marinería del Jaime, se presiona al Frente Popular para seguir la orgia de sangre que se había comenzado la noche anterior con fusilamientos en las calles cercanas al Arsenal. Y se decide sacar de la cárcel de San Antón a dar un “paseo” al Alcalde perpetuo Alfonso Torres junto a  seis destacados ciudadanos, todos fueron conducidos a la carretera de Murcia donde se les ejecutó. Los paseos habían comenzado.

 

Poco después, el 7 de septiembre queda constituido en esta cárcel el Tribunal Popular  para juzgar a “los encartados en el movimiento faccioso”. Los juicios se celebran en la misma cárcel que muy pronto se quedó pequeña, por lo que una semana después, el se hizo hueco en la prisión y “fueron puestos en libertad todos los presos  que había por delitos comunes”.

 

Más trágico fue el vaciado de sus celdas un mes después, el 15 de octubre de 1936, fecha que quedaría grabada durante años en la memoria de la ciudad. Este día tiene lugar la mayor “saca” de prisioneros, en total 49 que fueron conducidos a las tapias del cementerio de Nuestra Señora de los Remedios, donde fueron ejecutados.

 

No hay más noticias en la Prensa sobre la prisión hasta acabada la Guerra, en las que dan testimonio de como la prisión acoge también a población reclusa femenina, muchas de ellas con sus hijos, como recoge La Hoja oficial de Cartagena el día 8 de enero de 1940. Haciendo mención de la visita a la cárcel de “camaradas de la Organización” para llevar juguetes a los hijos de las reclusas.

 

Pero también acogía a  presos como los dos antiguos milicianos acusados de asesinar y robar  “durante el periodo rojo”  a un comerciante. Poco después se ingresa a Francisco S.  por ser aficionado a los delitos contra la propiedad en el “periodo rojo”

 

Mientras, en el único periódico de la ciudad en aquel tiempo (LA HOJA OFICIAL DE CARTAGENA)  se publicaban todos los días largas  listas  de “Comparecencias” citando en los diferentes juzgados a los vencidos. El 31 de enero de 1940 junto a la noticia de la celebración por la colonia alemana en Cartagena del séptimo aniversario del “triunfo nacionalsocialista“ leemos la de la visita de la Falange a la prisión para repartir ropas de abrigo, ya que en la anterior  visita solo repartieron 90 prendas de abrigo, en esta ocasión fueron 100. Se finalizó el acto con el himno de la prisión compuesto por reclusos y los himnos del Movimiento.

 

El 8 de marzo aparecía la noticia  de una boda en la cárcel en  la Hoja oficial de Cartagena, justo debajo de la noticia de los “Consejos de guerra permanentes” del día siguiente, que se celebraban en el salón del Ayuntamiento,  exhibía la noticia una lista de los que esperan el fallo del juicio,  destaca el nombre de Antonio Puig Campillo.

 

Hasta el 18 de octubre de 1941 no hay más noticias sobre la cárcel de San Antón, y es en este día, como en los próximos años,  en que se  recordará a los 49 asesinados en la “saca” del 18 de octubre de 1936.

 

El 6 de noviembre de 1941  son encarcelados dos delincuentes por robar carbón de la estación de la MZA según nos dice “El Noticiero”,  Una semana después era un comerciante que vendía a precios abusivos quien ingresaba en la prisión. A  partir de estas fechas son delincuentes de poca entidad los que ingresan en San Antón, dando la Prensa puntual noticia de ello. Delitos que van desde “tantear” el bolsillo ajeno, faltar a la moral, promover escándalos, “blasfemar contra el Santo nombre de Dios”,  comprar objetos robados, embriaguez, tráfico de alimentos o por abandono del hogar, en este caso fueron encerrados tanto el hombre como su amante (El Noticiero 25-5-1942).

 

El 2 de julio de 1942 El Noticiero nos regala la noticia de la detención de tres “meretrices por bañarse faltando a las elementales reglas de decencia y moral” el baño les costaría 30 días en San Antón.

 

Durante años al ya amargo trance del ingreso en prisión había que añadir el “salir en los papeles” con nombre y apellidos, e incluso para más escarnio, la dirección del domicilio. Aireándose casos como el siguiente: “ Han ingresado en la cárcel de San Antón Elena S. M. R. de 36 años, natural de Bilbao con domicilio en la calle de Hiladores 3 y María P. R. de 48 años natural de Lorca, con domicilio en Balcones Azules 7-1º por dedicarse a recibir en sus domicilios.  Mujeres de vida airada sin estar provistas del carnet sanitario”.

 

Otras veces era la vergüenza para toda la familia: “María B. S. de 29 años, viuda, hija de Fernando y Antonio “natural de Medina de Las Torres” con domicilio en el Barrio Peral y María H. H. con domicilio en el Hondón, fueron puestas a disposición de las autoridades por tráfico ilícito de patatas".

 

A partir de 1943 la prensa es más comedida y solo publica los nombres de los nuevos reclusos, no sus hazañas. Pocos años después, al final de la década, tan solo una noticia al año de la prisión; la del recuerdo de los “49 caballeros caídos por Dios y por España” el 18 de octubre del 36. Esto sería así año tras año hasta que el 13 de enero de 1971, en que El Noticiero da la noticia del ingreso en San Antón de Joaquín Gorostidi Artola, condenado en Burgos a dos penas de muerte por el asesinato del comisario Melitón Manzanas. La pena le fue conmutada por 30 años de cárcel.

 

El 7 de junio de 1973 fue 'El Lute' quien llegó a San Antón procedente de la prisión de Sevilla. En el mes de octubre se volvió a recordar como todos los años que duró el régimen a los 49.

 

Otro “ilustre”  huésped de la cárcel fue 'El Vaquilla'

 

Llegado a este punto, y sabedor que hay que leer entre líneas en la Prensa del pasado, hay que decir que la prisión de San Antón no fue una “residencia” feliz para nadie durante los años de la dictadura, pero no más dura que cualquier otra prisión de España.

 

Apoyo y felicito a quienes quieren leer el libro de nuestros peores años como país, y me sumo a ellos para que podamos pasar página ya de una vez. Tan solo deseo que tengamos la madurez de no empezar el libro por la última página y sí empezarlo el día en que esas dos españas complementarias una de otra se volvieron antagónicas… Y eso no fue en un día de verano.

 

Conozcamos nuestra historia, asumámosla, olvidemos odios y aprendamos de ella para no repetirla.

 

 

¡El año de Cartagena!

Cuentan de un cura que fue destinado a un pueblecito. Al legar advirtió la falta de sombra y arboles junto a su vieja ermita. De su pueblo natal a su requerimiento, su familia le envió un esqueje de ciruelo que con sus propias manos plantó a la entrada de su iglesia.

De familia de agricultores dedicados a las ciruelas, aquel árbol le recordaba su niñez, él sabía todo lo que hay que saber sobre los ciruelos y año tras año lo cuidaba con esmero, lo cavaba, lo abonaba, lo podaba y se desesperaba año tras año esperando que aquel árbol floreciese.

Treinta y ocho años pasaron sin que una flor premiara los desvelos del cura, tampoco la cosecha de fieles era buena, salvo cuatro viudas y algún crio, nadie pisaba la iglesia. El nivel de abatimiento del sacerdote no podía ser mayor cuando aquella mañana de finales del invierno una flor apareció en el viejo ciruelo. Un milagro pensó, una señal del cielo, ahora todo podía cambiar, se decía. Pero la flor tras unos días cayó mustia al suelo. Casi de inmediato el clérigo se hizo con un hacha y colérico comenzó a cortar el tronco del ciruelo.

El espectáculo le llamó la atención a un hombre que pasaba por allí, el hombre observaba al cura que con ahínco se empleaba contra el ciruelo, a la vez que observaba el árbol, una vez en el suelo el ciruelo, el religioso fue a darle el primer golpe en el tronco para hacerlo leña cuando aquel hombre que había estado observándolo se le acercó pidiéndole que parara.


Aquel hombre le explicó al sacerdote que era escultor y que dentro de aquel árbol había visto la figura de Cristo crucificado y que, si se lo permitía tallaría una imagen con la madera de aquel árbol, además donaría la figura a la iglesia del pueblo, ya que a él solo le movía servir a Dios, ya era muy mayor y lo único que necesitaba era ir poniéndose a bien con el creador. El cura aceptó y acogió al escultor en su casa hasta que el crucificado estuvo colgado en la pequeña capilla que había junto a la entrada del templo.

Sin poder explicar el por qué, el cura vio como empezaron a llegar fieles que nunca había visto, incluso de toda la comarca. Al parecer había llegado a correr el rumor que aquel cristo era “muy milagrero”

La iglesia estaba abarrotada, pero solo a la altura de la pequeña capilla junto a la entrada, donde estaba el Cristo, el resto permanecía solo habitada por nuestro cura. Aquella tarde noche de agosto la paciencia del religioso se agotó, con los brazos abiertos avanzó desde el altar mayor hacia la multitud gritando –ha llegado la hora de cerrar, vamos todos fuera- poco a poco el templo se vació y tras salir el último de los fieles cerró la puerta, echó el pestillo y lentamente se volvió, inmóvil se quedó mirando al crucificado, un hormigueo le subió desde la planta de sus pies y se le instaló en el bajo vientre, sin poder controlarlo sus piernas se flexionaron, su espalda se encorvó, sus puños se cerraron juntos con fuerza  a la altura de sus genitales, alzó la mirada a aquel madero y con toda la rabia del mundo le dijo: “Casi cuarenta años te estuve cuidando y nunca tus frutos vi. Los milagros que tu hagas que me los cuelguen de aquí”

Hace 38 años se plantó el futuro de esta comunidad autónoma. En el centro de nuestra ciudad creció un edificio ecléctico de dos plantas muy dispares sostenido por pilares que al correr del tiempo han tenido que ser reforzados con zunchos de acero. Sobre estos pilares defectuosos hay otra planta de porte moderno de la que parecen salir unos garfios que se clavan en la planta superior de inspiración modernista. De este edificio plantado en el corazón de Cartagena hace casi 40 años, y a nivel Patrimonio histórico de Cartagena, bien podríamos decir como el cura de nuestra historia.

No voy a repetir la interminable lista de monumentos en peligro de desaparecer con que acabé mi última entrega de “Resurrección” pero si me gustaría hacer referencia a los que están en la prestigiosa Lista Roja del Patrimonio español en peligro de la asociación independiente Hispania Nostra, y a la que hace pocas fechas hizo referencia nuestra consejera de Cultura refiriéndose a un convenio con la CARM y a la salida de esa lista de ocho o nueve monumentos. Esto junto a la adquisición del cine central y los planes de recuperación anunciados para la Casa del niño y la vuelta de CEHIFORM, así como la promesa de que 2017 va a ser el año de Cartagena. En principio nos debe llenar de alegría y optimismo, pero…  No paro de acordarme de lo que le dijo nuestro curica al crucificado.

A día de hoy tan solo hay retirados de la Lista Roja  2 de los 25 monumentos de la CARM, uno  el yacimiento de San Esteba y el otro Villa Calamari, cerrada al público por el peligro que implica ser visitada. Nuestra consejera hace referencia a un convenio con Hispania Nostra, y así es, pero buscando en las hemerotecas, este convenio solo se refiere a la recuperación del yacimiento de San Esteban y al ayuntamiento de Murcia que va a contar con una prestación económica de 15 millones de euros.

Por otro lado, tal como no paran de adelantarnos, sí parece que será el año de Cartagena, acaban de decir que van a gastar un millón en La Casa del Niño, el solar del MURAM  y el cine Central, ¡no está mal! Acostumbrados a no ver un duro, pero para ser el año de Cartagena habrá que acercarse un poco más a lo que se estila por otros lugares.

Lástima que después de casi 40 años tan solo vayamos a tener un año. Año que posiblemente solo tenga de especial el que al fin por una vez, nos den lo que nos corresponde, pero el año de Cartagena solo llegará cuando se tome conciencia en el Paseo Alfonso XIII  53 que la puesta en valor del rico patrimonio militar, marca la diferencia con cualquier otro destino turístico, añádanle edificios de todas las épocas y usos.  Denle coherencia y atractivo a toda esa oferta y comuníquenla ya mediante el AVE con el resto del Mundo (cosa que hace tiempo que podría y debería haber ocurrido) y tendrán un destino turístico de primer orden y calidad. Además de un motor poderosísimo de la economía regional.

El año que realmente sea “El año de Cartagena” será el año de esta comunidad autónoma. Mientras seguiremos como nuestro cura, cuidando del cerezo y esperando sus frutos.

   

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