Viernes, Diciembre 14, 2018
   
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La vergüenza del orgullo

Si solo leéis el titular podéis creer que soy un homófobo y os escribo esto para quejarme de las fiestas realizadas por los colectivos homosexuales, o como les gustan autodenominarse: “Colectivos LGTBIQ…”, ya que en estas celebraciones, como en todas aquellas realizadas al aire libre (botellones) son causa de acumulación de residuos que se amontonan en la calle, normalmente botellas de vidrio, vasos y bolsas de plástico. También podéis pensar que de lo que voy a quejarme es del excesivo consumo de alcohol y drogas, o por la contaminación acústica de los dj’s que tocan en lugares abiertos durante la madrugada, pero realmente no escribo por nada de eso


Lo que me da vergüenza es que la discriminación siga existiendo, aunque nos quieran hacer creer que no es así.

En cualquier evento importante que sucede en la ciudad portuaria podemos ver la presencia tanto de cuerpos de seguridad como de medios sanitarios, sin embargo ambas no estaban presentes en esta celebración.


Era el día grande del orgullo en Cartagena, el Viernes 30 de Junio, donde se da lectura al manifiesto en la explanada del puerto y tienen lugar actuaciones de varios artistas, ante la mirada de centenares de personas.


He acudido al puerto de Cartagena con mi pareja y familiares, tras bailar un poco decidimos hacer un pequeño descanso, sentándonos en un banco del puerto de Cartagena, mirando el mar, cuando de repente se oye un golpe, giramos la cabeza y vemos a una chica de veinte años tirada en el suelo, estaba inconsciente, percibimos que comienza a “agitarse”, nos damos cuenta que está sufriendo una crisis epiléptica.

Observamos la rapidez con la que los padres actúan, sujetando la cabeza para evitar que se la golpee por las sacudidas, aunque debido a la caída, al perder el conocimiento, se ha hecho una herida en el lado izquierdo de la cabeza y emana una pequeña hemorragia, aunque no de mucha importancia.

Buscamos por la explanada del puerto, lugar en el que se está celebrando el orgullo de Cartagena, pero no encontramos a ningún policía ni equipo de urgencias, así que decidimos llamar al 112.

Al fin llega la ambulancia, la cual ha tardado 20 minutos para recorrer los 3 kilómetros que separan el Hospital de Santa Lucía de la explanada del puerto.

Me resulta increíble y me da VERGÜENZA que no haya un puesto de socorro, es decir, una ambulancia con un equipo preparado y una pareja de protección civil o policía local en un evento de tales dimensiones, en el que puede llegar a ocurrir desde un coma etílico a una pelea con heridos,  y si me pongo en lo peor: un ataque terrorista como el sucedido en la rambla de Barcelona en el verano de 2017.


Desconozco si es responsabilidad del colectivo Galáctico o del ayuntamiento de Cartagena, pero deseo que para evitar males mayores y no tener que arrepentirnos, será mejor invertir en seguridad, no solo en Carnaval, Cabalgata de Reyes Magos y Cartagineses y Romanos, sino también en una celebración como es el orgullo de ser quien quieras ser.

 

 

 

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