Jueves, Noviembre 15, 2018
   
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Crimen de Cristina: El autor confiesa y el debate se centra en si existen atenuantes para la pena


El acusado reconomiendo durante el juicio el arma que utilizó

Daniel Jiménez ha reconocido que fue el autor de la muerte de la joven docente cartagenera en una vivienda de Los Olmos (Torre-Pacheco) hace dos años en el inicio de la vista oral que acoge la Audiencia, en Cartagena y que se prolongará durante tres jornadas. Fiscalía y acusaciones particulares piden entre 27 y 30 años de prisión, mientras que la defensa solicita una condena por homicidio reducida por varias eximentes. El autor afirma que estaba obsesionado porque le recriminaba que fumase porros y por el olor de su perro, y que sufría trastornos mentales y otros producidos por la ingesta excesiva de drogas y alcohol que las acusaciones rechazan de plano. Una vecina ha relatado que la escuchó decir  “¿Pero qué haces muchacho?… ¡Ay, no, ay, no, no, no…” y que la vio en el marco de la puerta ensangrentada tratando de escapar y como una mano la arrastró hacia el interior.


El 13 de junio de 2016, sobre las 18.50 horas, Cristina Iglesias perdía la vida de una forma violenta en su domicilio de Hoyamorena, pedanía de Torre-Pacheco, a la edad de 35 años. Daniel Jiménez, quien lleva en prisión provisional desde entonces, ha reconocido ser el autor del crimen, por lo que las tres sesiones del juicio que acoge la sección quinta de la Audiencia Provincial en Cartagena, bajo la presidencia del magistrado José Francisco López, se centran en si existieron motivos para atenuar la hipotética condena, siendo en esa línea las respuestas que tendrán que ofrecer los integrantes del jurado constituido esta mañana.



La primera sesión ha comenzado a las doce horas y ha continuado por la tarde, tras un receso de hora y media, habiendo declarado el acusado y unos siete testigos. Antes de comenzar, la fiscal y los abogados de las partes han expuesto los objetivos que quieren demostrar durante la celebración del plenario.

La fiscal ha asegurado que hay pruebas suficientes para justificar su petición de 27 años de prisión por un delito de asesinato y otro de allanamiento de morada, además de una indemnización a los padres de 90.000 euros. “El acusado cogió un cuchillo de 16 cms. de hoja y saltó la pared mediana que existía entre su vivienda y la de Cristina. Después, cuando ya estaba ensangrentada, siguió dándole cuchilladas hasta matarla. Existe el delito de allanamiento, pues entró en la casa sin consentimiento, y el de asesinato, pues concurre el ensañamiento al aumentar deliberadamente el sufrimiento de la víctima”, ha manifestado, además de que considera que no tenía afectados su conocimiento ni voluntad y ni que iba borracho. “Era una persona normal con vida normal, quien estaba casado y tenía una hija de 6 años de edad”. También justicia la petición de responsabilidad civil por el dolor causado a sus padres, “quienes están destrozados por la muerte de su única hija”.



Julio Frigard y Álvaro Valdés ejercen la acusación particular de la madre. El primero de los letrados, tras recordar que era una joven docente, procesionista “y entregada a los demás, que tenía toda la vida por delante”, ha expuesto que existió ensañamiento y alevosía, “circunstancia que incluimos porque actuó de manera fría, premeditada, consciente y con ánimo de matar. Se llevó un cuchillo y una cuerda (no sabemos para qué) y causó 27 puntos de lesiones a Cristina”. La petición de pena en este caso es de 30 años de encierro. “No concurren influencias atenuantes ni alteraciones psíquicas. Era consciente, lo hizo voluntariamente y confesó de manera tardia e incompleta cuando fue detenido”. También considera que no existe reparación del daño con los 100 euros al mes de sus trabajos en prisión que está entregando a la familia. “No es cuestión económica”. Este letrado ha pedido que el acusado reconozca el arma del crimen. Le ha sido mostrada y lo ha confirmado. 

Rafael Piñana lleva la acusación particular presentada por el padre de la víctima. Tras exponer que conocía a Cristina, ha incidido en que Daniel actuó de forma consciente y voluntaria, “no tuvo delirios ni trastornos, sino que fue fruto de una perversión humana. Estaba obsesionado con ella y quería mantener una relación, pero cuando Cristina se negó la cosió a puñaladas. Daniel sabía lo que hacía y quiso hacerlo. Cuando Cristina abrió la puerta de la casa para huir, la cogió hacia atrás y la degolló”. Tampoco admite la reparación del daño ni la confesión, “pues trató de ocultarlo y sólo habló cuando se vio perdido. No está loco, aunque tenga esa pinta, y en dos años no ha tenido la hombría de una una explicación”. Concluyó dirigiéndose al jurado y diciendo: “Pido que escuchen el cuerpo inerte de Cristina, porque va a ser el que ofrezca muchas respuestas, y que también se centre en la escena del crimen. Daniel es un pobre desgraciado y un cobarde, no se dejen engañar”.

El turno de exposiciones lo ha cerrado Juan Francisco Pérez Avilés, quien, junto al letrado Esteban Soto, lleva la defensa del encausado. Ha comenzado diciendo que las acusaciones “nos han demonizado y han tratado de intoxicar al jurado”, para a continuar exponer que lo más difícil ya está adelantado, que es la autoría del crimen. “Daniel mató a Cristina y así lo dijo desde el primer momento y no cuando fue detenido. Lo hizo con intención el día más horrible de su vida y le más irreversible. Fue un homicidio doloso (nosotros no vendemos humo ni sentimentalismos), pues mató con intención y no saldrá impune, por lo que seguirá muchos años en prisión. Es un criminal, pero en función de sus circunstancias”. Pide una pena por homicidio reducida por las atenuantes de trastorno mental, influencias de alcohol y drogas, reparación del daño (“aporta 250 euros al mes y no 100”), confesión y perdón. Rechaza el ensañamiento, “una forense expondrá que dos heridas fueron mortales y las restantes eran leves o de defenderse. Tampoco existe alevosía, pues estaba de baja por una lesión de rodilla e iba con muletas, por lo que no podía saltar la pared del patio. Realmente llegó por la puerta principal del jardín, por lo que no existió allanamiento”. Ha apuntado que Daniel tuvo 40 ó 50 asistencias en Urgencias en dos años por multitud de causas y que en febrero de 2015 le diagnosticaron un trastorno, por lo que su médico lo derivó al Centro de Salud Mental. “Los psiquiatras dicen que padecía trastonros mentales con ideas delirantes y él pensaba que Cristina lo criticaba”. También hizo hincapié en que confesó antes de ser detenido y anunció que aportarán documentación de la ingesta de drogas y alcohol. “No podemos resucitar a Cristina, pero la Ley contempla atenuantes que en este caso existen”, concluyó.

Después Daniel se ha sometido a las preguntas de las partes, las cuales, en casi su integridad, se pueden escuchar en el vídeo adjunto. Ha afirmado que estaba obsesionado por los reproches que Cristina le hacía sobre el consumo de porros en la calle y el olor de su perro (“Vaya peste a porro y perro’, me decía), ha afirmado ser consumidor de grandes cantidades de porros y que ese día tomó varias cervezas y copas de orujo, además de que entró y salió de la casa por la puerta principal. Respecto a una gota de sangre encontrada en la pared del patio colindante con la vivienda de Cristina, afirmó que pudo deberse a que trató de salir por ahí tras el crimen y lanzó el bastón, pero que no pudo saltarlo por su rodillo y salió por la puerta principal. También ha afirmado que confesó antes de ser detenido, pues aún no le habían puesto las esposas. De algunos detalles dijo no acordarse.

La vecina que residía en la vivienda situada enfrente de la que ocupaba Cristina ha sido la siguiente persona en declarar. “Me encontraba comiendo en la cocina con la televisión puesta y las ventanas abiertas, cuando escuché voces elevadas. Quito sonido al televisor y oigo: ‘¿Pero qué haces muchacho? Ay, no, ay, no, no, no…’ y así se terminaron las voces. Salí a la calle y pregunté: ‘Cristina, ¿pasa algo?’ No respondió, pero se abrió al puerta de su casa y la vi muy ensangrentada arrastrándose (estaba herida de muerte) y tratando de hacer palanca con su pierna. Entonces apareció una mano y la metió hacia adentro. Entré corriendo a mi casa, cogió el teléfono y muy nervioso y temblorosa me metí en el aseo, desde donde llamé al 1-1-2. Como tardaban, llamé a la Policía Nacional, donde me dijeron que era competencia de la Guardia Civil. Me dieron el teléfono y llamé”, ha explicado, apuntando que los agentes llegaron entre 20 y 30 minutos después.

Entonces, trataron de derribar la puerta y fue cuando salió de su casa Daniel preguntando qué pasaba, “y ofreciendo que entrasen por su casa”. Entonces llegaron los suegros del acusado para llevarlo a Urgencias, “pues dijo que se había cortado pelando patatas”. Cuando le han preguntado si lo vio afectado por alcohol o drogas, ha dicho que lo observó “normal” y que nunca lo había visto drogado o borracho. También le han planteado si Cristina alguna vez le dijo que le molestaba que su vecino fumase porros. Ha respondido de forma negativa, apuntando que únicamente “me dijo que no le gustaba como la miraba”.

Este martes, a las diez horas, se reanuda la vista oral en audiencia pública (puede asistir todo el ciudadano que lo desee) en la planta baja del Palacio de Justicia de Cartagena.

 

 

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