Miércoles, Enero 17, 2018
   
Texto

La fascinación de Vivir

Hoy no quiero cantar al amor;
no quiero mirar, ni tampoco pensar
ni soñar ni escuchar otra palabra
que en la frialdad de un silencio
se convierta en dolor.

No quiero sentir el día viviendo ante mí:
buscándome, hallándome, llevándome…
ni destellos de colores
nacidos juguetones de ese manantial
de sonrisas, que es verdad desconocida.

Hoy no quiero arrastrarme por el fango sin mancharme;
no quiero el consuelo del abrazo lastimero;
no quiero construir lo que imagino
para quedarme colgado en el horizonte de un solo dueño;
no quiero la mirada que se esconde tras un lamento,
ni la llamada que ya suena a otra despedida.

Quiero parar y quiero llorar;
quiero sentir como ahoga la tristeza
y de ella no me quiero separar;
quiero saber todos los porqués
y también quiero llegar a entender lo que nunca se escribió
habiendo nacido en otro corazón.

Momentos también de ternura,
que invitan a sentir y sentirte,
que recuerdan la grandeza de nuestra fragilidad,
la bondad escondida en esa mirada perdida;
el milagro de la vida, que aún callado y por la pena atravesada,
nos mira, regresando con otro mañana;
instantes únicos para perderse en las eternidades,
para volver a sentir la frescura de la lágrima cautiva,
el sabor de la distancia,
el color que nos separa;
instantes de magia construidos de silencios que todo lo callan;
instantes que nos hablan sin palabras y nos dicen… ¡¡Vive!!.

(jpellicer)

 

Lo que quise ver ©



En ese silencio regalado
en el proscenio imaginario de la emoción,
- tiempo impreciso hijo de la nostalgia -,
se van amontonando remembranzas
que perdieron sus aromas y colores.

Confundida, cual barco a la deriva,
la mirada queda entre susurros ajenos
como buscando caras y manos,
cuerpos a los que rodear de abrazos
huidos del corazón.

Paisajes que atrapan e inventan
figuras que entre risas,
y vestidas con el color de la bruma,
el que todos conocen y nadie vio,
se van alejando otro día
dejando, indelebles en la memoria,
estelas que saben a regresos.

Se acaba el día y con él el momento;
se apaga la voz sin callar el lamento;
ya se marcha el día, ya perdió su color;
llega la noche revestida de magia
llevando envuelta en su negrura
otra respuesta, acaso otro sueño
construido de renovada ilusión.

@ (jpellicer)

 

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