Sábado, Mayo 25, 2019
   
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Calidad judicial

Para atender una urgencia, no me gustaría que un médico que lleva más de doce horas de trabajo fuese el que atendiese a un ser querido (entre los que me incluyo, pues también me tengo afecto). El motivo es obvio, su frescura mental no sería la misma y el acierto en el diagnóstico tiene mayor riesgo de error. Por la misma regla de tres, tampoco me gustaría que un asunto judicial de familia tuviese que ser resuelto por un juzgado muy sobrecargado que resuelve al 250 por ciento. El motivo es obvio, la calidad en las sentencias podría verse dañada.

El último día del año 2018 se estrenó el segundo juzgado de Familia del Partido Judicial de Cartagena. "Este juzgado lleva un volumen de entradas del 200% y está resolviendo al 250%", dijo el presidente del TSJRM, Miguel Pasqual de Riquelme, esa mañana referente a la que hasta entonces era la única sala de esta especialidad. En este terreno, también mucho de lo que digo se puede aplicar a los juzgados de San Javier, que tienen ese 'honor' de acoger a las salas más sobrecargadas de España.

Los jueces aplican la ley, pero es evidente que son personas y que el factor humano (y su capacidad) afecta a sus resoluciones. Si además, junto a la complejidad de cada asunto, metemos en el cóctel la premura de pronunciarse sobre asuntos urgentes y el afán por reducir unas carpetas que se acumulaban, la calidad en los fallos judiciales no puede ser la misma que si se hace desde la teórica tranquilidad. Reconozco que  a veces parece un callejón sin salida al ser muy complicado que coincidan urgencia con calidad. 

¿Quiénes son al final los perjudicados?, pregunto y me respondo: los ciudadanos. Unas veces por la urgencia (en familia hay cuestiones que no se pueden ni deben demorar) y otras por soltar lastre (archivar con ligereza), el caso es que estoy convencido de que el margen de error ha supuesto perjuicios para unas u otras partes (unas veces por asuntos sentimentales y otras, de índole económico). Como es normal, esas situaciones han alimentado el desencanto hacia el sistema judicial de los que están convencidos (conocemos a algunos) de que no han recibido una justicia como tal.

Faltan instalaciones, faltan jueces, faltan... Unos hacen todo lo que pueden y otros no hace todo lo que podrían. Es la sensación que me da en referencia a las instituciones y a nuestros políticos. La cuestión es que una justicia de calidad es lo que merece el ciudadano de a pie, pero lo mismo  estoy equivocado en todo esto que planteo y resulta que todo está 'ferpecto'.

 

Desconvoca quien convoca

El pasado sábado acudimos al ‘Musical de los Reyes Magos’ que el programa municipal de Navidad de La Unión recogía. Puerta de la iglesia cerrada, puerta del salón parroquia cerrado. Estuvimos preguntando por el entorno y nadie sabía nada. No fuimos los únicos; otros vecinos sufrieron la misma situación. Ahí quedó la cosa. Malestar lógico por la pérdida de tiempo. Sin embargo, hemos recibido dos correos electrónicos de vecinos que nos responsabilizan de anunciar eventos que luego no se celebran, por lo que nos corresponde hacer algunas aclaraciones.

No es la primera vez que nos sucede eso de ir a un sitio donde se iba a celebrar algo que luego no se celebra, con que eso de que se trata de una situación puntual lo dejamos al margen. Tampoco quiero decir que si el Ayuntamiento, por aquello que es un programa municipal, tiene la culpa o no. En absoluto, pues lo mismo a ellos le comunicación la celebración y no le dijeron la ‘descelebración’. Reitero que no entro en culpables de aquí para atrás, pero sí hacia adelante. El que organiza y difunde su actividad es el mismo que si se anula debe utilizar los mismos cauces para decir lo contrario. Esto se llama respeto a los ciudadanos.  Otra cosa es que se organiza una actividad para ‘cuatro amigos’. Ahí, con que lo sepa el cuarteto, basta. Cuando se colocan carteles por las calles o se incluye en un programa estamos hablando de una repercusión mayor.

Ahora vamos a lo que nos compete (en una ocasión anterior ya tuvimos un correo similar), que es nuestra defensa de una acusación que tiene su base pero que no es justa. Tiene su base porque es cierto que muchos unionenses conocen la celebración de diversos eventos gracias a nuestro periódico, pero no es justo porque nosotros contamos lo que cuentan y lo que nos ocultan es imposible que lo sepamos. Somos los primeros en sentir que hemos sido transmisores de algo así. Si es un error nuestro, nos la envainamos y nos ‘tragamos’ todo lo que nos digan. Si no es un error nuestro, duele ser ‘el mensajero’. Cualquiera que quiera contactar con nosotros sabe que lo tiene muy fácil a través del teléfono o del correo electrónico, que son las vías más serias y fiables. Si se anula un acto, que nos avise y lo difundiremos. Se tarda mucho poco y muchos se lo agradecerán.

Nos señalan por incidentes de los que somos inocentes. Tocaba salir al paso, pero lo mismo estamos equivocados y resulta que todo está ‘ferpecto’.

 

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