Miércoles, Enero 22, 2020
   
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Todo está "ferpecto"

Funcionarios por la descentralización

No es un campaña, simplemente una idea o propuesta. Los vecinos del municipio no terminan de entender que más de la mitad del presupuesto municipal tenga como destino cubrir sueldos de empleados públicos, cuando la idea base de 'rascarse el bolsillo' para pagar impuestos es el de tener servicios y en este terreno no existe proporción.

No voy a entrar aquí en el conflicto actual entre el gobierno municipal y sus trabajadores, que para eso están las mesas de negociación y los respectivos representantes. Los tiros van por otro lado.

La irrupción de la era tecnológica ha supuesto una importante reducción de puestos de trabajo en muchos sectores. Un servidor lo ha sufrido con la llegada de internet, que redujo en más de setecientos los trabajadores de los medios de comunicación en la Región. También han sido víctimas la banca, correos, las áreas de administración de innumerables empresas y el pequeño comercio, que ya no tiene como enemigo solo a las grandes superficies sino también a las ventas por la gran red. Bajo el (discutible) cartel de que las nuevas tecnologías facilitan las tareas laborales, lo que realmente están ocasionando es la reducción de la mano de obra.

En la administración pública, sin embargo, el efecto ha sido mínimo, pese a que también se apuesta por estas tecnologías a través de gestiones telemáticas. Ahora las facturas y muchos documentos van por esa vía, a lo que se suman las justificaciones de las subvenciones destinadas a las asociaciones en Cartagena, lo que está resultando, según me cuenta algunos, un auténtico trastorno porque muchas de estas personas (de labor voluntaria y altruista) no son duchos internautas y, por lo que también alguno me apunta, el sistema a veces da problemas.

Pues bien, salvo que un servidor esté confundido, si hay más trabajo telemático es de suponer que se reduzca la faena administrativa, que es el área al que me refiero, pues hay otras en las que lo que faltan son efectivos, pues ahí sí es necesaria la presencia física, como policías, bomberos o sanitarios, por poner unos ejemplos.

Me centro en ese área administrativa y en mi 'cansina' idea de una auténtica descentralización municipal. Es decir, no hay que reducir plantilla, sino llevar a cabo una reorganización que afecte de forma positiva a todos los vecinos, especialmente a los que residen fuera de la ciudad (un 75% de la población). Se podrían destinar más funcionarios a las juntas vecinales de barrios y diputaciones, que servirían de ayuda para muchos residentes y colectivos para gestiones administrativas y de otro tipo, pues recordemos que actualmente la buena voluntad de cientos de vecinos es la que saca adelante fiestas, actividades culturales o la apertura y cierre de locales sociales, cuando estas funciones en la mayoría de municipios son llevadas a cabo por los ayuntamientos y su personal.

Así, unos garantizan su puesto de trabajo y otros ven más voluntad de una real descentralización. Bueno, y si encima se dota de más presupuesto y autonomía a las juntas vecinales, la felicidad sería ya la 'repera'.

Es una idea que lanzo en base al asiduo contacto que el periódico Cartagena de Hoy mantiene con los vecinos no urbanos, pero lo mismo resulta que estoy equivocado, que es una quimera y que todo está 'ferpecto'.

 

Los vecinos bien merecen un autobús a su disposición

Un bus que las asociaciones puedan utilizar de forma gratuita para efectuar desplazamientos dentro del municipio, lo que facilitaría organizar visitas a exposiciones puntuales o acontecimientos de interés. Es la idea que lanzo y que considero que potenciaría mucho la interrelación entre barrios y diputaciones de Cartagena, además de un mayor conocimiento de los cartageneros de muchas brillantes iniciativas que se llevan a cabo.

Por ejemplo. Santa Lucía ofrece cada año el conocido 'Belén de la Semana Santa', que con figuras de igual tamaño ofrece las escenas de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Con ese 'autobús de los vecinos', una asociación de El Algar, por ejemplo, podría organizar un desplazamiento que permitiría a más personas conocer ese trabajo que ofrece la ACD El Pinacho. Lo mismo puede suceder con la exposición de belenes del mundo que acoge hasta el 31 de enero el campus de la UCAM en Los Dolores, con alguna de las muestras de bolillo, con la feria del libro de algún pueblo, con el museo etnográfico de Los Puertos o con cualquier otro foco cultural que tenga lugar en algún punto del municipio. En grupo es más factible movilizar a los vecinos que en coches particulares.

Sería un servicio de uso reducido, como dos o tres horas como máximo, que cada asociación interesada podría solicitar para tal día de tal a tal hora con un mínimo de participantes. Si estuviese ya cogido por otro colectivo, entonces tendría que buscar otro momento.

No todos disponen de coches particulares o de personas que los trasladen y si bien la conexión por bus de la ciudad con las afueras es buena, apenas existe de forma transversal entre los núcleos de población.

Con lo que pagan los vecinos de barrios y diputaciones (el 75% de la población) en impuestos no creo que la idea sea económicamente inviable y sí sería un hecho concreto de actuación descentralizadora.

Es una idea que lanzo, pero lo mismo resulta que estoy equivocado, que es una quimera y que todo está 'ferpecto' como está.

 

 

¿Falta de respeto a los vecinos? (5): puntualidad

Cuando comienza el año es habitual pedir deseos y un servidor pensó en la paz en el mundo, en ver acabada la regeneración de la bahía de Portmán o en que acabase el centralismo cartagenero hacia sus pueblos, pero me acordé que mi familia siempre me inculcó que no pidiera 'imposibles', por lo que lo simplifico a algo más doméstico, que se respeten los horarios anunciados en los innumerables actos que se van a celebrar este año.

Puede parecer una tontería esa petición, pero resulta que después de tantos años recorriendo las fiestas y actividades culturales de los municipios de Cartagena y de La Unión es una de las quejas más habituales que nos llega de los asistentes. No me refiero a alguno en concreto, en absoluto, lo digo en general y quien se 'pique'... por algo será.

Entendemos que una actuación tenga cinco minutos de retraso de cortesía. Incluso, diez o quince en casos extremos, pero hemos llegado a vivir bastantes de una hora y más. En algunos lugares nos explican que es para que los asistentes, mientras esperan, consuman en la cantina de turno. Es un error. Quien quiere tomarse algo acude antes y lo que apena es ver a personas (muchas de avanzada edad) 'clavadas' en una silla demasiado tiempo. En alguna ocasión hemos visto alguna 'fuga' y también hemos escuchado como nos decían que no iban a uno u otro lugar porque "nunca empiezan cuando dicen".

Respetar la hora que uno mismo fija es respetar al público al que va dirigido y ahí reconozco que admiro al director teatro Francisco García Vicente, organizador del certamen teatral de Portmán. Las obras comienzan siempre a la hora establecida. "Es una muestra de respeto al público", me dijo cuando le pregunté por esa rigurosidad.

Lleva toda la razón y pienso que es un ejemplo a seguir, pero lo mismo resulta que estoy equivocado y que todo está 'ferpecto'.

   

Un 'preñao' de nueve meses sin contracciones

Se cumplen nueve meses, lo mismo que dura un embarazo, desde que se paralizaron los trabajos en la Bahía de Portmán y, ahora mismo, no hay 'movimientos musculares' de optimismo.

Un servidor entiende que mientras no se resuelva el pleito judicial sobre el conflicto de la adjudicación de los trabajos ya efectuados, no se puede continuar.

Me explican que mientras no se puede acometer la elaboración del nuevo proyecto con el dinero no empleado de la partida asignada a los trabajos paralizados, sino que hay que esperar a que tengamos gobierno de la Nación y se aprueben los presupuestos específicos para el nuevo proyecto. Lo entiendo pero no lo entiendo y lo mismo le sucede a algunos que conozco. Si hay dinero no empleado para un asunto, ¿por qué no se aplica en el mismo tema? Por muchos razonamientos burocráticos y de procedimiento, a una persona de pensamiento tan simple le cuesta.

Ahora, lo que sí me decepciona es que a estas fechas aún no se haya convocado el encuentro con los vecinos de la comisión de seguimiento. En octubre, la directora general de Sostenibilidad de la Costa y el Mar, Ana María Oñoro, dijo que tendría lugar en breve (pinchar aquí). De momento, que uno sepa, no hay noticias y en este caso no estamos hablando de algo que cueste dinero, sino es más bien un gesto que demostración de interés hacia un proyecto en el que los gobiernos de España acumulan muchas decepciones hacia esta tierra.

En el asunto de la regeneración de la Bahía de Portmán nunca culparé a los políticos locales. Es evidente que se deben a la disciplina de partido, pero tanto los de antes como los de ahora creo que desean, como el que más, que Portmán renazca. Sin embargo, sus 'jefes' bien se ganaron y se ganan el recelo. Además de justificarse en un cajón, en un empresario detenido, en un conflicto judicial y en lo que sea, tienen que ser como 'la mujer del César', es decir, que no sólo deben 'serlo' sino también 'parecerlo' ('Mulier Caesaris non fit suspecta etiam suspicione vacare debet') y ahí se encuadraría la comisión informativa aunque sea para decir 'in situ' lo mismo que le dijeron al alcalde (pinchar aquí). El tiempo pasa y lo bueno es que la declaración de impacto ambiental sigue valiendo, pero... ¿hasta cuándo? Es, por ejemplo, un tema a aclarar.

Pero lo mismo resulta que en todo esto que opino estoy equivocado, que exagero y que resulta que todo está 'ferpecto'.

 

‘Falta de respeto a los vecinos (5): el mal mayor del Mar Menor’

Palabras y palabras. ¿Dónde están los hechos? Los políticos son los que tienen que actuar con urgencia, pero los vecinos tienen la sensación de que poco se mueve la cosa. Tras las inundaciones de septiembre, los que mandan sólo vertían promesas. Han pasado unos meses y el panorama no parece haber cambiado mucho. Cada vez llueve más miedo que agua porque los cauces no se desvían o, al menos, no se ve que se pongan manos a la obra.

Unos culpan a otros y otros culpan a unos. Todavía no se enteran de que lo (mal) hecho, hecho está y que será la justicia la que determine responsabilidades (aunque en esto todavía me falta fe judicial). Ahora no es cuestión del ‘tú más’ y de sin son más malos los políticos de uno u otro color, los constructores o los agricultores, sino de ponerse manos a la obra. Si se quiere al Mar Menor y si se quiere a sus vecinos, desde todas las administraciones hay que trabajar juntos y dejarse de querer justificar con palabras lo que no se hace.

Pero lo mismo resulta que estoy equivocado, que a todos les preocupa más trabajar en una solución que ‘echar mierda’ al contrario en su afán constante de estar en el poder y que todo está ‘ferpecto’.

   

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